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El Atlético de Madrid logró el pase a la final de la Copa del Rey pese a la derrota por la mínima en El Sardinero. Los goles de Valera y Jurado valieron su peso en oro y pusieron al conjunto rojiblanco en la final 10 años después. Se puede decir que la derrota fue injusta porque los dos goles finales del Racing llegaron en disparos desde fuera del área y con una buena dosis de suerte.
“Papá, por esto somos del Atleti”: por noches como las del Calderón y El Sardinero ante el Racing en semifinales, como la de Vigo en los cuartos, como la del Recreativo en el Calderón en octavos, como la del Sevilla en Liga (curiosamente el rival en la próxima final de Copa)… El Atlético de Madrid es así, capaz de lo mejor y de lo peor, pero cuando llegan los momentos buenos no hay quien pare a los rojiblancos. La noche en El Sardinero fue mágica y los jugadores pudieron festejar el billete conquistado para la final del 26 de mayo ante el Sevilla.
El Atlético de Madrid logró el objetivo que estaba buscando: la final de la Copa del Rey. Han tenido que pasar 10 años y 55 partidos en el torneo del K.O. para volver a citarse como los grandes en una cita que anhelaba la gran afición rojiblanca, una de las mejores de España, que no ha dejado a su equipo ni cuando bajó a los infiernos de Segunda y que estará presente en el próximo mes de mayo para buscar el décimo título de Copa en la décimo octava final de la centenaria historia del Club del Manzanares.
Lo cierto es que los rojiblancos habían dejado los deberes hechos en el Estadio Vicente Calderón con un rotundo 4-0 que dejó prácticamente noqueado al conjunto cántabro. Los goles de Forlán, dos de penalti, Simão y Reyes se hacían como un muro insalvable para la vuelta, pese a que los cántabros utilizaron todos los métodos posibles para motivar a su hinchada. Daba lo mismo porque en la mente de los discípulos de Quique Sánchez Flores sólo estaba un objetivo: pasar a la final.
Racing y Atlético salieron a por todas desde el principio. Los cántabros, apoyados por un público enfervorizado, querían marcar pronto para alimentar el sueño de los suyos. Los rojiblancos buscaban un gol con el que cercenar esas ilusiones de raíz. Con esas premisas Undiano Mallenco dio la orden de salida de un partido típicamente copero, sin tregua y con alternativas en ambas porterías.
Sorprendió Quique Sánchez Flores con el once, al dar descanso a Forlán y Simão, entrando en sus respectivos lugares Jurado y Valera. El gaditano fue el enganche con Agüero, mientras el murciano jugó de interior derecho, por delante de Ujfalusi. Los rojiblancos, muy concentrados ante la tarea que tenían, lograr el pase a la final de la Copa del Rey, realizaron un partido sobrio y eficaz.
No obstante, muy pronto se creció la afición local. Un saque de esquina desde el lado izquierdo de la zaga rojiblanca lanzado por Canales lo empujó a la red Xisco. El delirio llegó a las gradas porque creían que el sueño era posible. Pero el Atlético de Madrid hizo lo que tenía que hacer y lo que perseguía desde el inicio: marcar un gol para meterse en la final. Así, un golpe franco ejecutado por Reyes al corazón del área lo colocó en la red Valera, un jugador que había estado cedido en el Racing la pasada temporada.
El gol fue un jarro de agua congelada para el Racing y para la afición cántabra, que veía esfumarse su sueño, pues en apenas cinco minutos los rojiblancos habían solventado la papeleta. A partir de ese momento el Atlético de Madrid mostró su superioridad. La zaga se mostró muy firme, sin darle opción a los jugadores cántabros para hacer un segundo gol. Paulo Assunção y Tiago fueron dueños y señores de la parcela ancha, apoyados por Valera y Reyes, dos estiletes que crearon mucho peligro por las bandas, además de ser los protagonistas del gol. El utrerano fue una pesadilla auténtica y suyo fue el pase del tanto del murciano.
Pero el Atlético de Madrid no quería quedarse con hacer lo mínimo para alcanzar su décimo octava final de Copa. Buscó la victoria y mereció el gol en la primera mitad con jugadas de lustre y categoría como los remates de Reyes y dos del Kun, que bien pudieron subir al marcador. El disparo del utrerano se perdió cerca del poste y luego el argentino obligó a intervenir al meta local en el minuto 36 y cuatro después su cabezazo se marchó rozando el poste.
El Racing, hasta el descanso, apenas volvió a aparecer por los dominios de De Gea. Los rojiblancos obligaron a su rival a disparar desde lejos y sin precisión. Sólo cabe reseñar un remate de Colsa a centro de Christian que marchó por encima del travesaño.
Pero nada más comenzar la segunda mitad, el Atlético dejó bien claro que quería la victoria. Una excelsa jugada entre Jurado y Agüero acabó en la red. El gaditano hizo un sombrero de lujo para irse de su par, cedió el balón al Kun y éste le devolvió el esférico dejándole frente a Mario. Jurado resolvió con un suave toque para poner el 1-2 en el marcador, que sería casi definitivo, sellando así, de forma brillante, el pase a la final de la Copa del Rey. Lástima que llegaran los dos goles al final a favor del Racing para dejar el 3-2 con el que concluyó el partido.
Los 400 rojiblancos que se desplazaron hasta El Sardinero pudieron festejar por todo lo alto una alegría que este equipo no daba a su afición desde hace una década, pero hay que remontarse al año del histórico doblete, temporada 95-96, cuando el 10 de abril de 1996 otorgaba el título de campeón al Atlético de Madrid con un gol de cabeza de Milinko Pantic, elevado a la categoría de mito, entre otras cosas, por esa gesta.
Al final, fiesta rojiblanca en Cantabria con un triunfo en el partido de vuelta tan merecido como en el del Calderón y que si no acabó con más goles del Atlético fue por mérito de Mario, que sacó una mano impresionante a disparo de Simão.
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