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No era un buen rival para empezar el año, pero el Atlético de Madrid dio la cara de principio a fin y fue precisamente cuando parecía que no iba a pasar nada más cuando el equipo de Quique Sánchez Flores tuvo la suerte de cara. No había sucedido en lo que llevamos de temporada, pero el arranque del 2010 dictó otra cosa. El Sevilla se había adelantado en el marcador, pero en el último segundo, y de tanto apretar los dientes, el equipo rojiblanco dio la vuelta al marcador con un gol de Antonio López que ya nadie esperaba.
El partido fue complicado de principio a fin porque es lo que tiene enfrentarse a un equipo tan potente como el Sevilla. Pero el Atlético de Madrid, con el canterano Ibrahim en el once inicial, no se hundió cuando Renato puso en funcionamiento el marcador, y tirando de fe y constancia logró sumar tres puntos que pueden suponer un punto de inflexión en la marcha de los rojiblancos.
La fuerte salida del Sevilla fue contrarrestada perfectamente por el Atlético de Madrid, que no agachaba las orejas. Empezando por Ibrahim, que lejos de temblarle las piernas se enganchaba sin problemas a la dinámica de sus compañeros. Y cuando era necesario pegarse con algún veterano como Dragutinovic, el senegalés no evitaba el contacto.
La primera parte fue un constante ejercicio de disciplina por parte de Sevilla y Atlético de Madrid. A la hora de atacar ni un equipo ni otro estuvo demasiado acertado, pero cuando tocó defender fue otra cosa. Sobre todo en el caso del equipo rojiblanco, que con todas sus líneas bien unidas, desconectó uno por uno todos los intentos de los de Manolo Jiménez. Sólo falló una vez y el precio fue excesivo.
El Atlético se fue creciendo a medida que su confianza aumentaba. Viendo que se manejaba con acierto a la hora de defender, sumó un buen puñado de acercamientos peligrosos, todos ellos con Forlán como protagonista. Fue precisamente el uruguayo el que tuvo la primera ocasión a los 7 minutos, pero Dragutinovic se cruzó a tiempo para rechazar el remate.
El Sevilla, que no encontraba soluciones por las bandas con Jesús Navas y Perotti, comenzó a ceder casi todo el protagonismo ofensivo a un Atleti que defendía con orden y sin equivocaciones. Le costaba llegar con peligro al área de Palop porque la zaga rival también estaba a un buen nivel, pero se mostraba amenazante cuando tenía el balón en su poder.
Con un Reyes entonado, el Atlético de Madrid dispuso de otra buena oportunidad mediado el primer tiempo. El de Utrera montó un contragolpe supersónico, pero el remate final de Forlán no encontró la portería. En el otro lado Negredo se las veía para encontrar el balón, pues casi nunca aterrizaba en sus dominios.
Nuevamente Forlán, en el minuto 40, se encontró con la portería a escasos metros de su punto de mira, pero como sucedió antes el balón se fue demasiado lejos. Y cuando parecía que antes del descanso ya no sucedería nada reseñable, a la salida de un córner Renato metió la cabeza como pudo y coló el balón en el fondo de la portería de Asenjo. No era justo, pero sí real.
Pero nada más comenzar la segunda parte la suerte se alió con el Atlético. Una serie de fallos en cadena propiciaron que se metiera de nuevo en el partido. Falló Squillaci al dejar a Forlán mano a mano con Palop, el charrúa también erró porque permitió al portero rechazar el balón, pero éste se estrelló finalmente en Dragutinovic y se fue directo al fondo de la portería.
Un renacido Atlético puso contra las cuerdas a un Sevilla durante unos instantes en los que el segundo gol rojiblanco rondó la portería de Palop. Sin embargo, como sucediera antes, Forlán no acertó. Primero estrelló el balón en un Konko que tapó su portería con acierto, y poco después volvió a cruzarlo, esta vez por unos centímetros, en otro mano a mano con el guardameta sevillista.
Dominaba el Atlético de Madrid la situación y Jurado compareció en el campo para mantener más tiempo el balón en poder de los rojiblancos. Manolo Jiménez, por su parte, echaba mano de Adriano y Koné para cambiar un panorama que se le presentaba algo sombrío a su equipo.
El partido fue entrando en una dinámica similar a la de la primera parte, con dos equipos metidos en una batalla constante y sin dar opción al oponente. Pero la expulsión de Duscher abrió nuevas expectativas al Atlético de Madrid, que tenía por delante tiempo suficiente para aprovechar esta circunstancia.
El Atlético de Madrid lo buscaba de todas las maneras, pero el Sevilla, que daba por bueno el empate, no facilitaba las cosas a los rojiblancos. Estos lo intentaban casi siempre por el flanco izquierdo y por ahí tuvo el triunfo Jurado al encontrar un pasillo libre, pero Palop adivinó la intención del gaditano.
Parecía que la suerte volvía a ser esquiva para los rojiblancos, pero esta vez les aguardaba en el momento más insospechado. El reloj ya había superado el minuto noventa cuando Simão colgó el balón en el área y por ahí apareció como un ciclón Antonio López para hacer estallar de júbilo a un Vicente Calderón que por fin disfrutó como se merece.
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